Grecia torció este domingo el inicio de la era de Jürgen Klopp, que no conoce la victoria después de dos partidos al frente de Alemania, derrotada 0-1 por primera vez en su historia por el combinado dirigido Ivan Jovanovic gracias a las intervenciones de Konstantinos Tzolakis y al tanto de Dimitris Kourbelis, que silenció al público alemán presente en el WWK Arena de Augsburgo a quince minutos del final.
Klopp afrontó su segunda prueba después de aprobar el estreno frente a Países Bajos. El empate en el Johan Cruyff Arena de Ámsterdam (1-1) no fue un mal resultado. Enfrente estaba otro equipo en construcción, el de Xavi Hernández, pero también el gran rival de Alemania por la primera plaza del grupo. Después le llegó el turno a Grecia, vencedora ante Serbia (1-2) y situada ante una excelente oportunidad para presentar una candidatura inesperada.
El seleccionador alemán se vio obligado a modificar su ataque por la lesión muscular de Havertz, sustituido por Ebnoutalib, pero aprovechó el encuentro para mover más piezas. Nübel ocupó el lugar de Ter Stegen en la portería, Vagnoman relevó a Treu en el lateral derecho, Bisseck permitió descansar a Schlotterbeck y el debutante Conté reemplazó a Amiri en la mediapunta.
A Ivan Jovanovic le convenció mucho más lo sucedido en Belgrado. Apenas tocó su equipo: Androutsos sustituyó a Kourbelis y Tetteh a Kostoulas. Grecia compareció en Augsburgo con un plan sencillo, reconocible y poco dado a las aventuras: cerrar espacios, resistir cerca de su área y esperar alguna grieta alemana para salir al contragolpe.
El partido obedeció durante la primera parte al guion previsto. Alemania acumuló la pelota, instaló el juego en campo contrario y encerró a Grecia, pero su dominio fue más territorial que amenazante. Le costó un mundo encontrar claridad en los últimos metros y apenas consiguió atravesar una defensa griega numerosa, ordenada y cómoda en la resistencia.
Adeyemi fue la excepción. El jugador del Barcelona pareció el alemán más despierto, el único capaz de acelerar una jugada y alterar el ritmo cansino del ataque. Dispuso de las dos ocasiones más claras para derribar la muralla griega. La primera nació, paradójicamente, de uno de los escasos avances de Grecia: Alemania recuperó la pelota tras un córner, Adeyemi recorrió el campo, se plantó ante Tzolakis y elevó demasiado su remate.
Fuente: El Gráfico


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