Los New York Knicks terminaron con más de medio siglo de espera y se consagraron campeones de la NBA tras imponerse en el quinto juego de la serie final frente a los San Antonio Spurs por 94 a 90. El equipo neoyorquino, que había llegado con ventaja de 3-1, no dejó pasar la oportunidad y selló el título como visitante, desatando un festejo histórico para una franquicia que no gritaba campeón desde 1973.
El camino hacia la consagración tuvo momentos de alto dramatismo. Los Knicks habían ganado los dos primeros partidos en Texas y luego protagonizaron una remontada épica en el cuarto juego en el Madison Square Garden, un triunfo que los dejó match point. En ese contexto, el quinto encuentro aparecía como la gran oportunidad para cerrar la serie, y esta vez no fallaron: mostraron solidez colectiva y eficacia en los momentos decisivos para imponerse y bajar el telón de la final.
Con Jalen Brunson como líder y figura a lo largo de la serie, el equipo dirigido por Mike Brown construyó una campaña memorable. Del otro lado, ni el talento de Victor Wembanyama alcanzó para unos Spurs que pelearon hasta el final pero no pudieron evitar la consagración rival. Así, Nueva York vuelve a lo más alto del básquet mundial y pone fin a una de las sequías más largas de la historia de la liga.
Como ocurrió durante gran parte de la serie, el héroe volvió a ser Jalen Brunson. El base firmó una actuación histórica con 43 puntos, además de un 50% de efectividad de campo (13/26) y un sobresaliente 57% en triples (4/7) para quedarse con el premio al Jugador Más Valioso de las Finales.


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