Detrás de cada golpe hay historias, esfuerzo y sueños. El tenis es un deporte durísimo: cada paso cuesta como subir un escalón en una escalera infinita. Cada torneo guarda su propio relato y, a veces, las sorpresas escriben los capítulos más memorables. En Tucumán, el WTA 125 tuvo la suya: Oleksandra Oliynykova venció a la egipcia Mayar Sherif por 3-6, 6-2 y 6-2, y dejó su huella en una semana inolvidable, en la que los tucumanos la adoptaron como una argentina más.
No fue casualidad que el público celebrara a más no poder cada punto, ni que intentara levantarle el ánimo cuando las cosas no salían. Tampoco lo fue que, entre cambio y cambio, Oliynykova sacara de su mochila pequeños juguetes para regalar a los chicos en las tribunas. El cariño entre la jugadora y los tucumanos fue una constante, más allá del resultado. Y el triunfo terminó de sellar un lazo que, aunque pasen los años, quedará grabado en la memoria de los amantes del deporte.
El juego fue disputado y cambiante. Sherif sacó a relucir toda su experiencia durante el primer set: consiguió cuatro games consecutivos y se mostraba imbatible. Su potente brazo marcaba la diferencia; esa había sido su mejor arma durante toda la semana. La egipcia, actual top 60 y favorita del torneo, imponía jerarquía y ritmo desde la línea de base. En cambio, Oliynykova parecía superada por momentos: los primeros intercambios la encontraron incómoda, sin precisión y con el marcador en contra. Pero enfrente había una jugadora distinta, una de esas que no se quiebran ante la adversidad.
Fuente: La Gaceta

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