River ya no tiene margen para seguir esperando. El equipo de Eduardo Coudet volvió a perder, esta vez ante Tigre, y profundizó una crisis que dejó de ser pasajera. El 1-0 en Victoria significó la cuarta derrota consecutiva en el Clausura, una racha que además tiene un dato demoledor: el Millonario no marcó un solo gol en esos cuatro encuentros.
La derrota volvió a mostrar a un equipo sin respuestas. River tuvo la pelota durante buena parte del partido, pero careció de profundidad, velocidad y asociaciones para generar peligro. Tigre necesitó una sola situación clara para quedarse con los tres puntos: un error de Aníbal Moreno dejó a Nacho Russo frente al arco y el delantero definió con una categoría notable para marcar el único gol de la tarde.
El golpe volvió a desnudar la fragilidad mental de un River que se desarma ante la primera adversidad. El equipo intentó reaccionar, pero lo hizo sin claridad y con ataques previsibles. No hubo sociedades, tampoco variantes ni una respuesta futbolística que permitiera imaginar otro desenlace.
Coudet tampoco consiguió modificar el partido desde el banco. El entrenador esperó hasta los 75 minutos para realizar una variante, mientras Tigre comenzaba a sentir el desgaste y encontraba cada vez más espacios para salir de contra. River sumó nombres, pero todavía no logró convertirlos en un equipo. Y esa diferencia entre jerarquía individual y funcionamiento colectivo empieza a ser un problema demasiado grande.
Fuente: Diario Panorama


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